viernes, 4 de mayo de 2007








El más genuino representante de un sistema de terror que ha sido impuesto al mundo por la superioridad tecnológica, económica y política de la potencia más poderosa que ha conocido nuestro planeta, es sin duda George W. Bush. Compartimos, por ello, la tragedia del propio pueblo norteamericano y sus valores éticos. Solo de la Casa Blanca podían proceder las instrucciones para el fallo dictado por Kathleen Cardone, jueza de la Corte Federal de El Paso, Texas, el pasado viernes, concediéndole la libertad bajo fianza a Luis Posada Carriles. Fue el propio presidente Bush quien eludió en todo momento el carácter criminal y terrorista del acusado. Se le protegió imputándole una simple violación de trámites migratorios. La respuesta es brutal. El gobierno de Estados Unidos y sus instituciones más representativas decidieron de antemano la libertad del monstruo.
Los antecedentes son bien conocidos y vienen de muy atrás. Los que lo entrenaron y le ordenaron destruir una nave cubana de pasajeros en pleno vuelo, con 73 atletas, estudiantes y otros viajeros nacionales y extranjeros a bordo, además de su abnegada tripulación; los que, estando preso el terrorista en Venezuela, compraron su libertad para suministrar y prácticamente dirigir una guerra sucia contra el pueblo de Nicaragua, que significó la pérdida de miles de vidas y la ruina del país por décadas; los que le dieron facultades para contrabandear con drogas y armas a fin de burlar las leyes del Congreso; los que con él crearon la terrible Operación Cóndor e internacionalizaron el terror; los que llevaron a la tortura, la muerte y muchas veces a la desaparición física de cientos de miles de latinoamericanos, era imposible que actuaran de otra forma. No por esperada la decisión de Bush es menos humillante para nuestro pueblo, porque fue Cuba la que, partiendo de las revelaciones de "Por Esto!", órgano de prensa del Estado mexicano de Quintana Roo, complementadas después por nuestros propios medios, supo con toda precisión que Posada Carriles entró desde Centroamérica, vía Cancún, hacia Isla Mujeres, desde donde, a bordo del Santrina, después de ser inspeccionada la nave por las autoridades federales de México, se dirigió junto a otros terroristas directamente a Miami. Denunciado y emplazado públicamente el gobierno de ese país con datos exactos sobre el tema desde el 11 de abril del 2005, demoró más de un mes en arrestar al terrorista y tardó un año y dos meses en reconocer que Luis Posada Carriles entró ilegalmente por las costas de la Florida a bordo del Santrina, un supuesto buque?escuela matriculado en Estados Unidos. De sus incontables víctimas, de sus bombas contra instalaciones turísticas en años recientes, de sus decenas de planes financiados por el gobierno de Estados Unidos para eliminarme físicamente no se dice una sola palabra. No era suficiente para Bush haber ultrajado el nombre de Cuba instalando en el territorio ilegalmente ocupado de Guantánamo un horrible centro de tortura similar al de Abu Ghraib, que al ser conocido causó espanto en el mundo. La cruel acción de sus antecesores no le parecía suficiente.
No le bastaban los 100 mil millones de dólares que obligaron a gastar a un país pobre y subdesarrollado como Cuba. Acusar a Posada Carriles era acusarse a sí mismo. A lo largo de casi medio siglo, todo era válido contra nuestra pequeña isla a 90 millas de sus costas, que deseaba ser independiente. En la Florida se instaló la más grande estación de inteligencia y subversión que había existido en el planeta. No bastaba la invasión mercenaria de Girón, que costó a nuestro pueblo 176 muertos y más de 300 heridos cuando los pocos especialistas de Medicina que nos dejaron no tenían experiencia en heridas de guerra. Antes había estallado en los muelles del puerto de La Habana el buque francés La Coubre, que transportaba armas y granadas de fabricación belga para Cuba, causando con sus dos explosiones, bien sincronizadas, la muerte a más de 100 trabajadores y heridas a otros muchos en plena faena de salvamento.
No bastaba la Crisis de Octubre de 1962, que llevó al mundo al borde límite de una guerra termonuclear total, cuando ya existían bombas 50 veces más poderosas que las que estallaron sobre Hiroshima y Nagasaki. No bastaba la introducción en nuestro país de virus, bacterias y hongos contra plantaciones y rebaños, e incluso, aunque parezca increíble, contra seres humanos. De laboratorios norteamericanos salieron algunos de estos patógenos para ser trasladados a Cuba por terroristas bien conocidos al servicio del gobierno de Estados Unidos. A todo esto se añade la enorme injusticia de mantener en prisión a cinco heroicos patriotas que, porsuministrar información sobre las actividades terroristas, fueron condenados de forma fraudulenta a sanciones que alcanzan hasta dos cadenas perpetuas, y soportan estoicamente, cada uno de ellos en cárceles diferentes, crueles maltratos. Más de una vez el pueblo cubano ha desafiado sin vacilar el peligro de morir. Demostró que con inteligencia, usando tácticas y estrategias adecuadas, especialmente estrechando la unidad en torno a su vanguardia política y social, no habrá fuerza en el mundo capaz de vencerlo. Pienso que el próximo Primero de Mayo sería el día ideal para que nuestro pueblo, con un mínimo de gasto en combustible y medios de transporte, exteriorice sus sentimientos a los trabajadores y los pobres del mundo.

Fidel Castro Ruz.

miércoles, 2 de mayo de 2007


¡Qué olvidadas están ya las sortijas
en los dedos de antes! Si soplara
la pena con el ímpetu del aire
se llenaría el suelo de amarillas
sortijas desprendidas
de las ramas más altas de los sueños.
Una sortija, una promesa, son lo mismo:
inspiran la ilusión, por ser redondas,
de que no tiene fin. Pero muchas promesas
se mueren en octubre, allí en los dedos
donde las colocamos confiados. Y se alfombran
los caminos del mundo de oro triste.
Porque hay manos que nunca
se dejan oprimir: quieren ser libres.
Y una promesa apreta más que anillos.
¡Qué olvidadas se sienten las palabras
que decían que nunca olvidaríamos!
Cuando me olvidas, di:
¿te acuerdas, por lo menos, del olvido?
Recordar el olvido,
aunque no tenga rostro, nombre, cuerpo,
es casi no olvidar lo que se olvida.
No te puedo pedir
que te acuerdes de mí, como yo era
-una cara, unos ojos, unas lágrimas-
sólo que me recuerdes como a algo
que uno recuerda que se le ha olvidado
y sin saber qué es, muy vagamente
lo eche de menos cada cinco días.

¡Qué olvidadas se sienten
las distancias, su número, su forma!
Mientras que se perciban no hay ausencia.
El mar, las tierras y las leguas,
contadas y nombradas
-yo en California, tú en Escandinavia,
y entre los dos los mapas abiertos, tan precisos-
aseguran que existe, allí en un punto
exacto del espacio de los sueños
y acaso de la tierra, el que está lejos
por muy lejos que esté. Mientras sepamos
exactamente lo que nos separa
no habrá separación. La muerte es
la niebla, allí en las almas, sí la niebla,
abolición de todos los confines,
gran naufragio de números y nombres,
y un ansia a ciegas que recorre el mundo
clamando:<<¿En dónde, en dónde está lo que tan lejos me quería?>>

¿Y las alas, las alas?
¿Cómo pudimos olvidarlas? Di.
De tanto ir por las calles
a comprar trajes, humo o violetas,
o a buscar un empleo en una estrella;
de tanto ir sobre ruedas,
matando, por matar, paisajes verdes
que se quedan atrás como cadáveres,
creíste que el andar era tu modo
de atravesar la vida, o algún coche
color de primavera que comienza.
Se te olvidan las alas que te he dado y no usas.
Y al mirar a los pájaros o a ángeles,
criaturas extrañas te parecen
y no puedes venir a donde te espero
por no tener ya fe en lo que te dije:
que lo que tiene vuelo siempre vuela.

¡Qué olvidados se quedan los desnudos!
Hay tantas floraciones en las telas
que los escaparates te derrotan
lo más bello de ti, con sus ficciones.
Convertida en silueta verde y blanca,
color de tierno mar adolescente,
o envuelta en terciopelo todo rojo
igual que una tragedia que se acerca,
en tus vestidos vives y te olvidas
de lo que puedes dar a ciertos ojos
de asombro y maravilla si te quitas
lo que el mundo te pone sobre el alma
para que te confundas con las otras.
Porque el desnudo tuyo no es tu cuerpo,
ese otro traje más, color de vida,
con que siempre te quedas por las noches,
sino lo que detrás está, desnudo.

¡Qué olvidado el espejo, sí, el espejo,
en donde nos miramos una tarde
con nuestras caras juntas,
tan semejantes a los dos soñados,
que un deseo común nos subió al alma!:
no salir nunca de él, allí quedarnos,
igual que en una tumba,
mas tumba de vivir,
tumba clara, de azogue
donde dos seres vivos que la buscan,
la eternidad alcanzan de los muertos.
Tú te marchaste de él: era mi vida.
Y mientras yo contemplo en su vacío
poblado de fantasmas de reflejos,
la soledad que es siempre
mi cara si la veo sin la tuya,
tú, antes de ir a algún baile,
en otro espejo, sola, te miras a ti misma
con los ojos que un día prometieron
que sólo te verías en los míos. (Pedro Salinas)

martes, 1 de mayo de 2007

Pepito Grillo


Cada imagen tiene su destino, un sentido... Un bikiño y ánimo...
Despertando de un sueño

martes, 24 de abril de 2007


Homenaje a la primavera y tod@s los que os activa el corazón.

Función de producción

A través de la teoría del crecimiento podríamos llegar a entender porque en un mundo globalizado los países pobres sencillamente, lo son. Con unos conocimientos macroeconómicos de “andar por casa”, encontraríamos el punto de equilibrio del crecimiento económico de un país, en su producción agregada, que relaciona el output producido (PIB) con las dotaciones de inpunts productivos. Todo esto se resuelve en una aparentemente sencilla función de producción: el PIB del país sería igual al compendio del estado actual de su tecnología, a su número de trabajadores, al stock de capital físico, a la cantidad de capital humano y a la cantidad de recursos naturales que posea. Por lo tanto, cuanto mayor sea la inversión pública y privada en estos factores, mayor sería su rendimiento, sin contar por supuesto, que este equilibrio no supondría un equitativo reparto de riquezas, un equilibrio económico-social o el bien amado estado de bienestar como derecho fundamental reconocido en cualquier sistema económico que se precie, al menos, desde el punto de vista formal.
Con todas éstas, tras leer pequeñas reseñas sobre la teoría del progreso técnico endógeno de Schumpeter, que a breves, viene a explicar que las diferencias entre la renta per capita y esta teoría del crecimiento, se resuelven en función de las diferentes políticas de Inversión y desarrollo del país, ya se sabe, cuanto mayor sea, mejores resultados obtendremos.
Pongamos como ejemplo particular el caso de Bolivia, país que posee los recursos naturales estrellas, petróleo y gas, que a su vez recibe –o al menos recibía- importantes inversiones en todos los factores mencionados (stock de capital físico, tecnología, etc) y que además, tiene los trabajadores necesarios para resolver la función de producción.
Según los datos dados, no solo la economía boliviana tendría que alcanzar la connotación de ideal sino que además, la población tendría que vivir muy por encima del umbral de la pobreza, por no ironizar con el estado de éxtasis que hubiera alcanzado el señor Gyni, al ver que su afamada curva se confundiría con el punto gráfico que podría marcar Bolivia, en cuanto a igualdad se refiere, en cualquier ejercicio de economía de una clase de segundo de bachiller.
Entonces, por qué en Bolivia la renta per capita no supera ni los dos mil euros anuales, por qué el salario mínimo no llega a los sesenta euros, la tasa de paro no sólo era insoportable sino pisaba el acelerador y la igualdad se convierte en desigualdad manifiesta en el resultado del ya mencionado índice de Gyni. En definitiva, por qué Bolivia decide dar un vuelco más o menos trasgresor a su política económica, e intenta desquebrajar la fórmula globalizadora, nacionalizando los hidrocarburos, intentando el reparto de tierras entre la población indígena, proyectando la recuperación de la industria maderera y minera y un largo ecétera.
De manera sencilla, sin números y apelando al sentido común, resulta que la inversión privada extranjera copaba la actividad industrial; se había adueñado de su materia prima y explotación; no ha dado trabajo a los bolivianos más que como mano de obra barata y en un número reducido; el capital físico, por supuesto, es de su propiedad, así como la tecnología. Si le sumamos que el reparto de los beneficios de explotar los motores económicos del país no se ve revertido en el mismo, sino que cotiza las cuentas en bolsa y engrosa bolsillos de los ajenos y que para colmo, la deuda nacional aumentaba y la inflación le estaba haciendo cortes de manga descarados a la población, desde los trajes de chaqueta de las reuniones de inversores de empresas como Repsol, Petrobrás o el BBVA. Parece que no hace falta decir que la función de producción falla, que la función económica de la que habla Schumpeter, hace que las corbatas aprietan demasiado y yo que soy una hortera, me gustan los rombos de lana y el cuello de pico, a no ser claro, que estemos en verano y haga calor.